Servicios Urbanos

Martes 19 de Mayo de 2015 - 23:45 hs

Entrevista a Carlos Sagasti

RESIDUOS Y ASEO, UN SERVICIO BÁSICO PERO INMADURO

Carlos Sagasti, es consultor internacional en materia de residuos y ex gerente de la empresa de aseo público de Quito. En su paso por nuestra ciudad nos contó el reto asumido en aquel entonces de revalorizar una entidad pública muy devaluada y destacar la importancia de gestionar la disposición de los residuos.  

Cuando se le pregunta a Sagasti por los primeros años de su gerenciamiento no duda en señalar que “el reto era gerenciar una empresa pública que ya existía, que ya tenía 17 años de edad y además, con un peso sindical importante. Entonces había dos opciones: valorar cuánto le costaba al Estado nacional su desaparición, cuando la liquidación de los empleados alcanzaba los 30 o 35 millones de dólares, un monto superior a la ganancia anual de la empresa; y la otra, fortalecerla”, explica Sagasti, al tiempo de asegurar que el de aseo es el servicio básico menos maduro. Así, electricidad, agua potable, gas poseen indicadores, información, sistemas de computación, sistemas de control, pero la basura no. “Es un servicio básico, público, estratégico, no desarrollado. En Latinoamérica en general tiene esa connotación”, afirma.

Para Sagasti, cuando se opera desde lo público se generan dos virtudes: “porque a lo mejor el privado puede optimizar costos y operar mejor pero lo que no va a hacer bien es la planificación. Es decir, pensar a la ciudad en diez años en términos de aseo”. Y la otra virtud es “la capacidad de fiscalización de lo que hace. Entonces uno de los gananciales a efectos de las políticas públicas es eso, tener una ciudad que ahora planifica su manejo del servicio de residuos sólidos y que tiene todo un sistema de fiscalización y control al respecto”, asegura.

¿Cuál era la percepción de los habitantes de Quito respecto a sus residuos?

Primero, la percepción de la empresa y del obrero era que el recolector de basura era alcohólico, es decir, que era un tema muy peyorativo y no había una relación entre la empresa y sus ciudadanos, y después, la ciudadanía se conformaba con tener sitios limpios. Nosotros comenzamos a darle mucha información a la ciudadanía a través de estos “¿Sabía ud. que..?”,  botamos mucha información en redes sociales y medios de comunicación. Por ejemplo, ¿Sabía ud que un obrero de recolección en promedio, al día, recoge 4.5 tn de basura que equivalen a cargar 330 cilindros de gas al día..? En Ecuador se usan cilindros de gas para su abastecimiento, y claro es un dolor de cabeza cargar un cilindro de gas, entonces la gente tomaba conciencia de lo bestial que era el trabajo que hacía quien yo pensaba que era un alcohólico, hacía un trabajo realmente admirable. Logramos que la ciudadanía tomara conciencia, y al interior, una mejora del autoestima del obrero, que ya no sentía que era la última rueda del coche y que su empresa era la peor del municipio.            

¿Y se valieron de alguna institución como escuelas o clubes barriales para fortalecer la campaña?

Para mí lo más importante era hacerlo en los centros comerciales, en ciudades muy urbanas, normalmente careces de espacios públicos verdes, y el centro comercial se ha convertido en la Modernidad en el centro público de encuentro. Y al ser de encuentro, tú tienes allí una masa crítica a quien comunicar gratis. Entonces el primer convenio que hicimos para la comunicación fue con los doce grandes centros comerciales donde iban dos millones de personas por semana. Quito posee una población de 2.500.000 habitantes, con lo cual ése era el punto preciso, estratégico de comunicación. Y después nos fuimos distribuyendo a otras instituciones, cadenas de farmacias, todos los que son retailers grandes, que tienen muchas cadenas, comenzaron a ser nuestros aliados y cada uno tenía un punto de recolección del material diferenciado. Era una comunicación efectiva y muy barata.

¿Qué destino tienen en Quito los residuos reciclables?

Nosotros desarrollamos un programa de inclusión social similar a los de Argentina, es decir, un galpón de acopio con un equipo de compactación y ellos además nos ayudaban en la recolección. La empresa ponía el camión, su mantenimiento, el conductor y también costeábamos la infraestructura del galpón. En Quito se calcula que hay alrededor de 3000 recicladores de calle y logramos incluir a 100, que pasaron de ganar 60 dólares al mes a ganar 300 dólares al mes, el salario mínimo, vital en ese momento era de 314 dólares, así que estábamos bordeando ese salario, y con la infraestructura que tenía la empresa, dábamos charlas de salud y seguridad a los obreros y expandíamos este servicio a las recicladoras, que en un 70% son mujeres. Había muchas que, por ej, jamás en su vida se había hecho un examen de Papanicolau, entonces comenzamos con la sensibilización con nuestro propio equipo de salud para que ellas vayan por primera vez a un dispensario médico, a través de convenios, sin costo y se hagan por primera vez  en la vida un PAP. Prestábamos asistencia psicológica en términos de consumo de drogas y alcohol, utilizando nuestra misma infraestructura, que también servía para los obreros, quienes tenían condiciones similares.

¿Cómo era el acuerdo con los compradores de estos materiales?

Nosotros gerenciábamos estos puntos de acopio y clasificación, poníamos un gerente que era sociólogo, entonces ayudaba a que este grupo, que no estaba acostumbrado a trabajar en equipo, comenzara a hacerlo, y también ayudaba en la venta. Entonces hacíamos convenio con el comprador final del material reciclable para evitar la intermediación y lograr el valor más alto; en lugar de que vendan al acopiador mayorista vendíamos directamente a la fábrica de plásticos que reciclaba las bolsas, y así obteníamos el valor más alto de cada producto.

Entonces había un comprador para cada material…

Exacto, teníamos varios compradores siempre, y además, como era un tema social, se lo vendíamos a los compradores como un proyecto de responsabilidad corporativa y por lo tanto pagaban el precio más alto del mercado. Nosotros pensábamos más o menos cuál era el valor del mercado informal y lográbamos que se pague el precio más alto.

Cuando la marca se volvió importante comenzamos a hacer convenios con muchas empresas privadas que nos vinieron a golpear las puertas ya que nosotros les ofrecíamos un proyecto empaquetado de responsabilidad corporativa. Yo siempre les decía que “no podía ser que tu programa de responsabilidad corporativa fuese regalar juguetes en un orfanato en navidad”, aquí ofrecíamos un proyecto estructurado, manejado por una empresa pública, donde el residuo reciclable se iba a un gestor de vereda que ahora era incluido y que estaba mejorando sus condiciones de vida. Terminamos firmando más de 50 convenios con las empresas más importantes del país, empresas públicas de telefonía, de electricidad, centros comerciales, importantes firmas de retailers, todas se comenzaron a unir. Y además se generaba competencia entre ellos.

¿Cuál fue la clave de la aceptación social de la iniciativa?

Yo creo que la publicidad y el refrescar la imagen de la empresa, ayudó mucho. La empresa que te recoge la basura es la que te hace el contacto con el cliente, es decir, con el ciudadano; si esa empresa no tiene una imagen fresca, buena, que te dé respuestas operativas, con un call center donde la gente pueda reclamar que no le recogieron la basura y que le puedas dar una solución, difícilmente vas a lograr esta unión. Entonces nos esforzamos mucho por dar un servicio ciudadano de calidad usando todas las herramientas posibles del marketing. Lo importantes es que exista continuidad del proyecto más allá de nuestra gestión.

¿De qué manera la experiencia de Quito puede ayudar a ciudades como Mar del Plata?

Yo creo que la idiosincrasia latinoamericana es la misma, baja sensibilidad ambiental, bajo conocimiento del manejo de los residuos, incipiente institucionalidad en tema de manejo de residuos, limpiamos la ciudad pero no manejamos realmente los residuos entonces las condiciones son, creería yo, las mismas. Creo que las campañas comunicacionales son una clave. Hay factores determinantes como la decisión política pero en términos comunicacionales, a todo el mundo le va a atraer la idea, nadie te va a decir que no al reciclaje. Yo creo y confío en la replicabilidad de estas prácticas en toda Latinoamérica.                               

Un récord Guinnes

“Tuvimos la suerte de que la política del gobierno central, era una política pro reciclaje que por ejemplo, le puso un valor monetario a la botella plástica como residuo. El efecto después de tres años es que en el Ecuador se recupera el 110% las botellas”, contó Sagasti ya que el 10% restante llega de de Colombia y Perú por el mercado negro.  Y tanto es así que gracias a la colaboración de instituciones educativas y de sus estudiantes que recuperaban material, Quito ganó un récord Guiness por la cantidad de botellas de pet acopiadas. 

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E.g., 06/23/2015

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Martes 19 de Mayo de 2015 - 22:15 hs

Proveniente de basurales clandestinos

La Municipalidad recolecta 320 toneladas de basura por día

La comuna ha contabilizado alrededor de 90 predios en donde los vecinos arrojan residuos de manera ilegal

El presidente de Obras y Servicios Urbanos de la comuna, Marcelo Artime, afirmó este martes que el municipio recolecta por día 320 toneladas de residuos, provenientes de basurales clandestinos .

“Todos los días, tanto desde el equipamiento que da respuesta a los reclamos del número 147 como desde el equipo de Higiene Urbana municipal, limpiamos alrededor de 90 basurales en diferentes barrios de Mar del Plata”, señaló Artime.

 

“Hay lugares que desde hace muchos años, algunos cerca de 15, los vecinos arrojan sus residuos y -pese al trabajo diario del municipio- al otro día encontramos la misma situación”, agregó. 

 

“A veces es difícil individualizar quién es el responsable. No siempre es el frentista ubicado cerca del basural. Hemos detectado, multado y hasta secuestrado vehículos en este tipo de infracciones. Así como vemos conductas ciudadanas muy positivas de vecinos que separan sus residuos y cada martes y viernes la sacan a la puerta de su casa -y en el horario que corresponde sus residuos recuperables- también nos encontramos con gente desaprensiva que con esta actitud daña el ambiente y ponen riesgo la salud de sus vecinos.     Estamos hablando de cerca de 7900 toneladas que levantamos por mes de estos mismos lugares”, afirmó el funcionario.

PJV

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Martes 19 de Mayo de 2015 - 19:15 hs

Entrevista a Carlos Sagasti

RESIDUOS Y ASEO: UN SERVICIO BÁSICO PERO INMADURO

Carlos Sagasti, es consultor internacional en materia de residuos y ex gerente de la empresa de aseo público de Quito. En su paso por nuestra ciudad nos contó el reto asumido en aquel entonces de revalorizar una entidad pública muy devaluada y destacar la importancia de gestionar la disposición de los residuos. 

Cuando se le pregunta a Sagasti por los primeros años de su gerenciamiento no duda en señalar que “el reto era gerenciar una empresa pública que ya existía, que ya tenía 17 años de edad y además, con un peso sindical importante. Entonces había dos opciones: valorar cuánto le costaba al Estado nacional su desaparición, cuando la liquidación de los empleados alcanzaba los 30 o 35 millones de dólares, un monto superior a la ganancia anual de la empresa; y la otra, fortalecerla”, explica Sagasti, al tiempo de asegurar que el de aseo es el servicio básico menos maduro. Así, electricidad, agua potable, gas poseen indicadores, información, sistemas de computación, sistemas de control, pero la basura no. “Es un servicio básico, público, estratégico, no desarrollado. En Latinoamérica en general tiene esa connotación”, afirma.

Para el ecuatoriano, cuando se opera desde lo público se generan dos virtudes: “porque a lo mejor el privado puede optimizar costos y operar mejor pero lo que no va a hacer bien es la planificación. Es decir, pensar a la ciudad en diez años en términos de aseo”. Y la otra virtud es “la capacidad de fiscalización de lo que hace. Entonces uno de los gananciales a efectos de las políticas públicas es eso, tener una ciudad que ahora planifica su manejo del servicio de residuos sólidos y que tiene todo un sistema de fiscalización y control al respecto”, asegura.

¿Cuál era la percepción de los habitantes de Quito respecto a sus residuos?

Primero, la percepción de la empresa y del obrero era que el recolector de basura era alcohólico, es decir, que era un tema muy peyorativo y no había una relación entre la empresa y sus ciudadanos, y después, la ciudadanía se conformaba con tener sitios limpios. Nosotros comenzamos a darle mucha información a la ciudadanía a través de estos “¿Sabía ud. que..?”,  botamos mucha información en redes sociales y medios de comunicación. Por ejemplo, ¿Sabía ud que un obrero de recolección en promedio, al día, recoge 4.5 tn de basura que equivalen a cargar 330 cilindros de gas al día..? En Ecuador se usan cilindros de gas para su abastecimiento, y claro es un dolor de cabeza cargar un cilindro de gas, entonces la gente tomaba conciencia de lo bestial que era el trabajo que hacía quien yo pensaba que era un alcohólico, hacía un trabajo realmente admirable. Logramos que la ciudadanía tomara conciencia, y al interior, una mejora del autoestima del obrero, que ya no sentía que era la última rueda del coche y que su empresa era la peor del municipio.            

¿Y se valieron de alguna institución como escuelas o clubes barriales para fortalecer la campaña?

Para mí lo más importante era hacerlo en los centros comerciales, en ciudades muy urbanas, normalmente careces de espacios públicos verdes, y el centro comercial se ha convertido en la Modernidad en el centro público de encuentro. Y al ser de encuentro, tú tienes allí una masa crítica a quien comunicar gratis. Entonces el primer convenio que hicimos para la comunicación fue con los doce grandes centros comerciales donde iban dos millones de personas por semana. Quito posee una población de 2.500.000 habitantes, con lo cual ése era el punto preciso, estratégico de comunicación. Y después nos fuimos distribuyendo a otras instituciones, cadenas de farmacias, todos los que son retailers grandes, que tienen muchas cadenas, comenzaron a ser nuestros aliados y cada uno tenía un punto de recolección del material diferenciado. Era una comunicación efectiva y muy barata.

¿Qué destino tienen en Quito los residuos reciclables?

Nosotros desarrollamos un programa de inclusión social similar a los de Argentina, es decir, un galpón de acopio con un equipo de compactación y ellos además nos ayudaban en la recolección. La empresa ponía el camión, su mantenimiento, el conductor y también costeábamos la infraestructura del galpón. En Quito se calcula que hay alrededor de 3000 recicladores de calle y logramos incluir a 100, que pasaron de ganar 60 dólares al mes a ganar 300 dólares al mes, el salario mínimo, vital en ese momento era de 314 dólares, así que estábamos bordeando ese salario, y con la infraestructura que tenía la empresa, dábamos charlas de salud y seguridad a los obreros y expandíamos este servicio a las recicladoras, que en un 70% son mujeres. Había muchas que, por ej, jamás en su vida se había hecho un examen de Papanicolau, entonces comenzamos con la sensibilización con nuestro propio equipo de salud para que ellas vayan por primera vez a un dispensario médico, a través de convenios, sin costo y se hagan por primera vez  en la vida un PAP. Prestábamos asistencia psicológica en términos de consumo de drogas y alcohol, utilizando nuestra misma infraestructura, que también servía para los obreros, quienes tenían condiciones similares.

¿Cómo era el acuerdo con los compradores de estos materiales?

Nosotros gerenciábamos estos puntos de acopio y clasificación, poníamos un gerente que era sociólogo, entonces ayudaba a que este grupo, que no estaba acostumbrado a trabajar en equipo, comenzara a hacerlo, y también ayudaba en la venta. Entonces hacíamos convenio con el comprador final del material reciclable para evitar la intermediación y lograr el valor más alto; en lugar de que vendan al acopiador mayorista vendíamos directamente a la fábrica de plásticos que reciclaba las bolsas, y así obteníamos el valor más alto de cada producto.

Entonces había un comprador para cada material…

Exacto, teníamos varios compradores siempre, y además, como era un tema social, se lo vendíamos a los compradores como un proyecto de responsabilidad corporativa y por lo tanto pagaban el precio más alto del mercado. Nosotros pensábamos más o menos cuál era el valor del mercado informal y lográbamos que se pague el precio más alto.

Cuando la marca se volvió importante comenzamos a hacer convenios con muchas empresas privadas que nos vinieron a golpear las puertas ya que nosotros les ofrecíamos un proyecto empaquetado de responsabilidad corporativa. Yo siempre les decía que “no podía ser que tu programa de responsabilidad corporativa fuese regalar juguetes en un orfanato en navidad”, aquí ofrecíamos un proyecto estructurado, manejado por una empresa pública, donde el residuo reciclable se iba a un gestor de vereda que ahora era incluido y que estaba mejorando sus condiciones de vida. Terminamos firmando más de 50 convenios con las empresas más importantes del país, empresas públicas de telefonía, de electricidad, centros comerciales, importantes firmas de retailers, todas se comenzaron a unir. Y además se generaba competencia entre ellos.

¿Cuál fue la clave de la aceptación social de la iniciativa?

Yo creo que la publicidad y el refrescar la imagen de la empresa, ayudó mucho. La empresa que te recoge la basura es la que te hace el contacto con el cliente, es decir, con el ciudadano; si esa empresa no tiene una imagen fresca, buena, que te dé respuestas operativas, con un call center donde la gente pueda reclamar que no le recogieron la basura y que le puedas dar una solución, difícilmente vas a lograr esta unión. Entonces nos esforzamos mucho por dar un servicio ciudadano de calidad usando todas las herramientas posibles del marketing. Lo importantes es que exista continuidad del proyecto más allá de nuestra gestión.

¿De qué manera la experiencia de Quito puede ayudar a ciudades como Mar del Plata?

Yo creo que la idiosincrasia latinoamericana es la misma, baja sensibilidad ambiental, bajo conocimiento del manejo de los residuos, incipiente institucionalidad en tema de manejo de residuos, limpiamos la ciudad pero no manejamos realmente los residuos entonces las condiciones son, creería yo, las mismas. Creo que las campañas comunicacionales son una clave. Hay factores determinantes como la decisión política pero en términos comunicacionales, a todo el mundo le va a atraer la idea, nadie te va a decir que no al reciclaje. Yo creo y confío en la replicabilidad de estas prácticas en toda Latinoamérica.                               

Un récord Guinnes

“Tuvimos la suerte de que la política del gobierno central, era una política pro reciclaje que por ejemplo, le puso un valor monetario a la botella plástica como residuo. El efecto después de tres años es que en el Ecuador se recupera el 110% las botellas”, contó Sagasti ya que el 10% restante llega de de Colombia y Perú por el mercado negro.  Y tanto es así que gracias a la colaboración de instituciones educativas y de sus estudiantes que recuperaban material, Quito ganó un récord Guiness por la cantidad de botellas de pet acopiadas. 

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